De vuelta en el baño, empecé simplemente reemplazando mi cinturón de liga orinando. Pero a fuerza de ver de nuevo la cara de luna llena y la melena nocturna, extrapolé, imaginando las aureolas parduscas de un sol imaginario, el vellón oscuro y los labios de Mélody cuyo rojo mío esparcí en pensamiento. Jasmine, eso es lo que olía. Apenas me di cuenta de lo que estaba haciendo. No era mi mano rodando entre sus dedos mi púlpito sobrecalentado, era el suyo. No fue contra un tazón de fuente blanco del tocador con el olor del blanqueador que los músculos apretados de mis nalgas contrajeron, estaba contra la cara enorme de esta mujer, este aspecto evaporó bajo soplo de 2h30 tan repentinamente como ella había venido. Fantaseaba con entrelazar mi sexo con el de ella y sentir su coño mojado y su clítoris endurecerse anticipándome a reflejar mi propia condición mientras nos divertíamos juntos. Quería probar su culo en mi boca y luego hacer que lo probara. Quería gemir por su belleza hasta que ambos fuéramos muy feos. Lo quería con todo mi cuerpo. Mi deslumbrante orgasmo elevó mi corazón y borró mis manos más de lo normal. Me di la vuelta justo a tiempo, la ranura llena de palpitaciones se presentó en el vacío y las rodillas en el azulejo frío, para vomitar todo mi excedente de Jack Daniels sin hacer demasiado daño. Me puse la falda y volví a cerrar el bar.

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El Poder del Pensamiento
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